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La producción mundial de pesca y acuicultura alcanzó en 2024 su nivel más alto registrado, según el último informe de la FAO. El crecimiento de la acuicultura consolida el papel de los alimentos acuáticos en la seguridad alimentaria global, aunque el cambio climático y la degradación ambiental amenazan la sostenibilidad futura del sector.
Los océanos alimentan a 3.100 millones de personas, pero su futuro está en riesgo

Los alimentos procedentes de mares, ríos y otras masas de agua continúan ganando peso en la alimentación mundial. Así lo refleja el informe SOFIA 2026 (El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura), presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) durante la undécima edición de la Our Ocean Conference 2026 celebrada en Mombasa, Kenia.

Según los datos recogidos por la FAO, la producción mundial de pesca y acuicultura alcanzó en 2024 un máximo histórico de 235 millones de toneladas. De esa cifra, 195 millones correspondieron a animales acuáticos destinados principalmente al consumo humano, lo que confirma el creciente protagonismo de estos alimentos en las dietas de millones de personas.

El informe destaca que el 89% de toda la producción de animales acuáticos terminó en los platos de los consumidores y que estos productos aportan al menos una quinta parte de la proteína animal que consumen alrededor de 3.100 millones de personas en todo el mundo. Según la FAO, esta tendencia refuerza el papel estratégico de la pesca y la acuicultura para la seguridad alimentaria global.

La acuicultura lidera el crecimiento

Uno de los principales hitos del informe es el avance de la acuicultura. Por primera vez, la producción mundial de animales acuáticos cultivados superó los 100 millones de toneladas, alcanzando los 103 millones. Este volumen generó un valor estimado de 371.000 millones de dólares en primera venta.

Si se incorporan también las algas, la producción acuícola ascendió a 141 millones de toneladas, con un valor económico de 391.000 millones de dólares. La FAO señala que prácticamente todo el crecimiento registrado en la producción acuática desde finales de la década de 1980 ha estado impulsado por la expansión de la acuicultura, mientras que la pesca de captura se ha mantenido relativamente estable, en torno a los 92 millones de toneladas anuales.

El informe sitúa a América Latina y el Caribe como una de las regiones con mayor peso en el comercio internacional de productos acuáticos. En 2024 registró un superávit comercial de 21.000 millones de dólares, gracias a exportaciones valoradas en 27.000 millones frente a importaciones por 6.000 millones.

La región representó el 15% de las exportaciones mundiales, con 6,4 millones de toneladas comercializadas. Entre los productos con mayor protagonismo destacan la anchoveta capturada en Perú y Chile, destinada principalmente a la elaboración de harina y aceite de pescado, así como el camarón cultivado en Ecuador y el salmón producido mediante acuicultura en Chile.

En términos productivos, América Latina y el Caribe aportó el 9% de la producción mundial de animales acuáticos. La pesca de captura continúa siendo la actividad dominante, con 13 millones de toneladas y tres cuartas partes de la producción regional. Perú se consolidó como el principal productor pesquero de la región y el cuarto a escala mundial, mientras que Chile ocupó la segunda posición regional y la décima del planeta.

Un sector clave para el empleo y las comunidades costeras

La pesca y la acuicultura también mantienen una importante dimensión social. La FAO estima que en 2024 unas 65,3 millones de personas trabajaban en las actividades primarias del sector a nivel global.

En América Latina y el Caribe, más de 3,2 millones de empleos dependen directamente de estas actividades. La pesca marina concentra cerca del 73% de la ocupación en el sector primario, mientras que la pesca artesanal continúa desempeñando una función esencial para la nutrición, la seguridad alimentaria y el sustento económico de numerosas comunidades costeras e insulares.

No obstante, el informe pone de manifiesto una paradoja. A pesar de su relevancia productiva, la disponibilidad de alimentos acuáticos para consumo interno en la región sigue siendo inferior a la media mundial. En 2023 se situó en 10,1 kilogramos por persona al año, frente a los 21,1 kilogramos registrados a escala global.

El cambio climático amenaza los avances

Junto a las perspectivas de crecimiento, la FAO advierte de los riesgos ambientales que podrían comprometer el futuro del sector. Las previsiones apuntan a que la producción mundial de animales acuáticos aumentará un 8% de aquí a 2034, impulsada principalmente por una expansión del 26% en la acuicultura.

Sin embargo, el informe alerta de que el cambio climático, la degradación de los ecosistemas, las tensiones geopolíticas y las crisis económicas están ejerciendo una presión creciente sobre los recursos marinos y continentales. Entre los impactos previstos, se estima que en escenarios de elevadas emisiones de gases de efecto invernadero la biomasa de peces disponibles para la explotación comercial podría reducirse más de un 10% antes de 2050 en distintas regiones del planeta.

En el prólogo del informe, el director general de la FAO, Qu Dongyu, subraya que la protección de los ecosistemas acuáticos resulta imprescindible para garantizar la seguridad alimentaria futura. Como recuerda el responsable de la organización, un planeta saludable depende también de la buena salud de los océanos y de las aguas continentales, cada vez más expuestas a las consecuencias de la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.

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