
El Mundial vuelve a recordarnos el poder que tiene un equipo cuando juega unido por un mismo objetivo.
Y, sin embargo, estos días también nos recuerdan otra realidad.
Mientras el mundo sigue cada partido, más de 473 millones de niños y niñas viven en zonas de conflicto. Esto significa que aproximadamente 1 de cada 5 niños y niñas crece rodeado de violencia, inseguridad o desplazamiento forzado.
Y este es el equipo más importante.
Un equipo que no tiene himno, ni estadio, ni patrocinadores. Un equipo que necesita algo mucho más urgente: protección.
Cada día se producen, de media, 8 ataques a la educación o casos de uso militar de edificios escolares en el mundo. En Ucrania, 3.600 escuelas han sido atacadas y en Sudán, el conflicto ha paralizado la educación en gran parte del país.
Son realidades que no ocupan titulares, que no movilizan masas, pero que afectan a millones de personas a diario. ¿Sabías que en Sudán más de 14 millones de personas se han visto obligadas a huir? Es el mayor éxodo actual en el mundo. Y en Líbano, según ONU Mujeres, más de 620.000 mujeres y niñas han tenido que abandonar sus hogares, exponiéndose a sufrir explotación, abuso o violencia.
El impacto de los conflictos en la infancia es devastador. Los niños y niñas no solo sufren las consecuencias indirectas de la guerra. También son objeto de ataques, reclutamiento forzado, secuestros y violencia sexual, especialmente en el caso de las niñas. Naciones Unidas ha alertado de un incremento sin precedentes de la violencia sexual relacionada con los conflictos, que se ha duplicado en el último año.
Detrás de estas cifras hay rostros y nombres propios. Como el de Batoul Moussa, responsable regional de educación del JRS en Oriente Medio y Norte de África, con la que trabajamos desde la ONG Entreculturas. Desde Líbano, nos cuenta: "Nos despertamos con el sonido de los bombardeos a nuestro alrededor. Al día siguiente, mi familia y yo huimos de nuestro hogar porque se había vuelto demasiado peligroso quedarnos. No teníamos ningún lugar donde alojarnos en Beirut porque, sencillamente, nunca imaginamos que llegaríamos a encontrarnos en una situación así.”
Como Batoul, millones de personas han tenido que dejarlo todo atrás para salvar sus vidas. Cada día, 78 niños y niñas son víctimas de la guerra. Niños y niñas que, de un día para otro, como nos cuenta Batoul, deben enfrentarse al miedo y la incertidumbre. En la última década, el número de niños y niñas afectados por conflictos ha aumentado un 60%.
En situaciones de crisis y emergencias, la educación es clave.
Cuando pensamos en una guerra, lo primero que nos viene a la cabeza es la necesidad de comida, agua o un lugar seguro donde refugiarse. Y es lógico. Son necesidades urgentes.
Sin embargo, existe otra respuesta también urgente que a menudo pasa desapercibida: la educación.
En contextos de conflicto, la escuela es uno de los pocos espacios capaces de ofrecer simultáneamente protección, estabilidad y oportunidades de futuro. Mantener a los niños y niñas en un espacio seguro, reduce el riesgo de reclutamiento, explotación y matrimonio infantil, en el caso de las niñas. Les ayuda a recuperar rutinas, reconstruir vínculos y volver a imaginar un futuro.
Me encantan los libros, la música y las tardes en la biblioteca del colegio. Sueño con ser azafata, ver el mundo… y algún día, volar sobre Ruanda. Son palabras de Joy, una niña ruandesa de 12 años refugiada en Kenia.
El gol más importante no será el que haga vibrar un estadio. Será el que consiga que todos los niños y niñas, sin excepción, sin importar dónde hayan nacido o dónde vivan, crezcan con seguridad, paz y esperanza.
Porque proteger a la infancia, allí donde se encuentre, será la victoria más grande de la humanidad.