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Hay muchas razones para mirar al mar, pero no solo hacia el horizonte sino al fondo, a sus profundidades. Los mares del mundo están llenos de vida, incluidos los nuestros; están llenos de fuerza y de energía que nos trasladan a los seres humanos siempre que tienen la oportunidad. Y si no, tan solo hay que echar la vista atrás, al año 2020, cuando después de meses en casa la naturaleza se abrió camino en las calles, en las ciudades, en la costa y en el mar.

Extraordinarios avistamientos recientes que se convierten en noticia cuando un navegante se encuentra con una ballena, cuando una manta raya inmensa se acerca a la orilla, cuando aparecen medusas en el rebalaje, una tortuga marina hace su puesta en la playa que conocemos, divisamos desde el puerto una familia de delfines o un pez luna surca las aguas abiertas. Los mares son los grandes corredores de migración de ballenas, tortugas, tiburones y otras especies.

La biodiversidad marina es sabia e incalculable, es resiliente y tiene el poder de regenerarse por sí misma si le damos tiempo y espacio, pero sobre todo si la respetamos, la entendemos y le ayudamos. Conocemos mejor la superficie de la luna que el fondo de los mares.

Los océanos son la clave del Cambio Climático, cubren el 70% de nuestro planeta, son esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.  Los mares son los responsables de generar la mayor parte del oxígeno que respiramos. Son los pulmones del planeta. Absorben el 30% del dióxido de carbono que producimos los humanos y amortiguan los impactos del Cambio Climático.

Facilitan el ciclo del agua y son grandes reguladores de las temperaturas, ellos dirigen el clima del planeta. La subida de temperaturas de sus aguas son un indicador del calentamiento global. Sus aguas absorben el calor y alcanzan temperaturas récord, con las consiguientes consecuencias para la vida marina. El pasado año, el agua del Mediterráneo occidental alcanzó en agosto una temperatura de 28,15º y en el Mediterráneo oriental de 31,96º.

En la salud de los mares está nuestra propia subsistencia, son una fuente importante de alimentos y medicinas.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que en el océano hay límites, no podemos extraer o introducir en él lo que queramos. Porque si sobrepasamos sus límites dejará de funcionar, romperemos su equilibrio. Todos los habitantes en el mar tienen su función, hasta los seres más diminutos, microorganismos esenciales para el funcionamiento de la dinámica del planeta Azul.

Desde la Fundación Aula del Mar Mediterráneo, proponemos pensar en azul, conocer y no conformarnos, porque el no saber es el mayor enemigo para los mares. Trabajamos para cambiar la tendencia y crear una marea de conservación y restauración de los mares en el que todas las personas tengan su misión. El mar es inmenso, pero no puede con todo. 

Es necesario prevenir y reducir la contaminación marina de todo tipo, incluida la de actividades que realizamos en tierra. Todo llega al mar: aceites que vertemos en el fregadero de la cocina, toallitas higiénicas que tiramos al inodoro, etc.  Un verdadero problema son los microplásticos marinos que invaden los fondos y organismos de especies.

Estamos impulsando, al igual que muchas otras entidades con fines similares, la gestión adecuada de los ecosistemas marinos y costeros para fortalecer su adaptación, estar preparados y contar con los recursos necesarios para restaurarlos. Todo el daño que le hacemos al mar nos lo hacemos a nosotros mismos y todo lo bueno también.

Nuestra admirada Sylvia Earle, oceanógrafa conocida como la dama de las profundidades nos dice:

ESTÁS CONECTADO AL MAR, NO IMPORTA DONDE VIVAS.

Hay que recordar que un mundo sin océanos es un mundo sin nosotros

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Opinión#medioambiente2025

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