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La idea de aumentar la competitividad económica con un aire más limpio como pilar clave puede resultar, a priori, una combinación curiosa. Sin embargo, este vínculo, lejos de ser caprichoso, puede explicarse con datos reales y teniendo en cuenta los impactos menos visibles de la contaminación del aire.
¿Puede un aire más limpio impulsar la competitividad europea?

Que la productividad es un componente clave de la competitividad, es un punto sobre el cual ya existe un amplio conocimiento. No obstante, la coyuntura económica y política actual nos demanda analizar estos aspectos desde una óptica multidimensional.

La productividad se ve afectada cuando aumentan las cargas en salud de las personas trabajadoras. Aquí reside el quid de la cuestión: una parte de estas cargas en salud puede agravarse o prevenirse dependiendo de las acciones que se realicen y que tengan un impacto directo en la contaminación del aire que respiramos.

Un reciente proyecto de Ricardo plc para la ONG European Environmental Bureau (EEB) presenta evidencias del vínculo entre la reducción de emisiones contaminantes, la mejora de la calidad del aire y los beneficios que esto conlleva en términos económicos, de salud humana y ambientales.

El análisis abarca a los 27 Estados Miembros de la Unión Europea (UE-27), que se complementa con seis casos de estudio para países específicos. Uno de estos casos se centra en España y en lo hecho hasta ahora.

La base del estudio para EEB es la información reportada en los Programas Nacionales de Control de la Contaminación Atmosférica (PNCCAs) de los Estados Miembro, tanto en materia de medidas como en proyección de emisiones a 2030.

El escenario que se desea alcanzar es aquel que tiene los niveles de concentración de contaminantes indicados en las nuevas guías de la OMS. Estos valores se toman como referencia porque representan los niveles de exposición por encima de los cuales se manifiestan efectos negativos para la salud.

Para alcanzar estos niveles en 2030, y como parte del trabajo del proyecto, se diseñaron diez medidas nuevas de reducción de emisiones de contaminantes del aire en tres sectores clave (agricultura, transporte y energía). Dentro del estudio de Ricardo para EEB, la descarbonización del sector energético tiene un papel crucial para la mejora de la calidad del aire y los resultados en productividad.

El análisis realizado indica una senda de actuación clara: el aumento de la ambición en las medidas y políticas nacionales - más allá de lo incorporado en los PNCCAs - podría prevenir impactos negativos considerables, especialmente en salud. ​Evitar estos efectos tiene, además, una traducción económica favorable que no puede dejar indiferentes a los responsables de formular políticas.

Los resultados del proyecto para EEB en España muestran que se podrían prevenir alrededor de 500 muertes prematuras dependiendo del contaminante analizado[1] . Solo los impactos en mortalidad representarían un ahorro de aproximadamente 4000 millones de euros en 2030 para los ciudadanos, las empresas y la Seguridad Social.

También hay un impacto positivo en la reducción de enfermedades: la reducción de emisiones de PM2.5 y la disminución de sus concentraciones, podría evitar aproximadamente 1000 casos nuevos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y más de 800 casos de diabetes en 2030.

Una mejora de la salud de los ciudadanos tiene relación directa con la productividad, tanto en el ámbito laboral como académico, como se evidenciado en estudios recientes que nos confirman: la contaminación del aire reduce la productividad de los trabajadores en la industria, pero también reduce las capacidades cognitivas en niños y adultos en los colegios y universidades[2]. Por lo tanto, un aire más limpio puede ser clave para una sociedad más productiva y una economía más competitiva.

Si algo queda claro es que la unión -y la coordinación- hacen la fuerza. Para seguir este camino, se necesita una acción coordinada a nivel de la UE, con una base en las políticas nacionales y locales de todos los Estados Miembro.

Las últimas iniciativas comunicadas por la Comisión Europea, que se enfocan en la competitividad del continente frente a EE. UU. y China, no mencionan explícitamente la calidad del aire. Sin embargo, nuestro trabajo es una invitación a trazar vínculos entre estos asuntos para empezar a hacerse preguntas que dejen marca en nuestras actividades cotidianas.

Se empieza con un paso y ese primer paso puede convertirse en un salto: reflexionar sobre cómo respirar un aire más puro nos ayudará a posicionarnos en la delantera de la capacidad productiva mundial y de un gasto más eficiente en políticas ambientales y de sanidad en España y en Europa. Nada más y nada menos, se trata de poner el foco en la urgencia de cuidar el futuro por el que ya venimos trabajando y asegurarnos de que su materialización no se convierta en una quimera.  

 

[1] Circa 158 muertes relacionadas con partículas finas -PM2.5-, circa 403 muertes relacionadas con dióxido de nitrógeno -NO2- y circa 98 muertes relacionadas con ozono -O3-. Algunos de los impactos son cumulativos.

[2] World Economic Forum, 2022 (https://www.weforum.org/stories/2022/07/damage-from-air-pollutants-you-won-t-hear-about-from-your-doctor/)

 

Lorenzo Casullo, Director para Europa, y Antonella Gutierrez Hoffmann, Consultora de políticas ambientales de Ricardo.

 

* Este artículo forma parte de la Alianza entre la plataforma Empresas por la Movilidad Sostenible y Diario Responsable. Artículos relacionados:

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