
Movilizar capital hacia tecnologías, empresas e infraestructuras capaces de reducir las emisiones es uno de los grandes desafíos de la transición energética. No basta con desarrollar nuevas soluciones: también es necesario disponer de financiación para desplegarlas, hacerlas crecer y extender su aplicación a sectores cuya transformación resulta especialmente compleja.
Conscientes de la importancia de implementar propuestas innovadoras, BBVA está reforzando su presencia en este ámbito a través de una estrategia de inversión en fondos especializados en descarbonización. Según informa la propia entidad, el banco ha alcanzado los 560 millones de euros —630 millones de dólares— de inversión comprometida y participa actualmente en once fondos climáticos.
El último movimiento ha sido una inversión de 15 millones de euros —17 millones de dólares— en EQT, que respalda empresas vinculadas a la transición energética y al desarrollo de una economía circular que haga un uso más eficiente de los recursos.
La estrategia, sin embargo, no persigue únicamente obtener rentabilidad financiera. La participación en estos vehículos permite a BBVA acercarse a tecnologías y proyectos con potencial de crecimiento, estrechar su relación con grandes gestores internacionales e identificar nuevas posibilidades de financiación vinculadas a la transición energética.
De conocer el ecosistema a buscar escala
La evolución de las inversiones refleja también un cambio de etapa. Después de unos primeros años orientados al aprendizaje y al posicionamiento dentro del ecosistema climático, BBVA está poniendo ahora el foco en plataformas más maduras y escalables, capaces de impulsar proyectos financiables y generar nuevas oportunidades de negocio asociadas a la descarbonización.
“La transición energética exige movilizar grandes volúmenes de capital y trabajar junto a los principales inversores que están impulsando esa transformación”, señala Javier Rodríguez Soler, responsable global de Sostenibilidad y CIB en BBVA.
Rodríguez Soler explica que esta estrategia permite a la entidad “identificar oportunidades con antelación”, además de ampliar su capacidad para financiar proyectos de descarbonización y reforzar su posición como socio financiero en la transición hacia una economía baja en carbono.
El ritmo de inversión muestra la dimensión que está adquiriendo esta línea de actuación. Durante los últimos dos años, BBVA ha cuadruplicado su inversión en este tipo de fondos de descarbonización, al tiempo que ha profundizado su colaboración con grandes gestores internacionales especializados en transición energética.
Uno de los principales pasos se produjo en septiembre de 2024, cuando el banco comprometió 175 millones de euros —200 millones de dólares— en KKR. Sus fondos trabajan tanto en el despliegue de soluciones climáticas consolidadas como en nuevas tecnologías de descarbonización y en la transformación de industrias con elevadas emisiones.
A comienzos de 2026 llegó otro de los grandes movimientos de la estrategia: la alianza con Alterra, uno de los mayores vehículos privados de inversión en financiación climática del mundo. El compromiso de BBVA alcanza en este caso los 220 millones de euros —250 millones de dólares—.
Una cartera que abarca diferentes vías de descarbonización
La apuesta se ha ido diversificando para abarcar distintas tecnologías, grados de madurez empresarial y ámbitos de la transición.
En 2025, BBVA destinó 18 millones de euros —20 millones de dólares— a Apollo Global, cuyo fondo financia compañías maduras que buscan acelerar su transformación hacia modelos empresariales con menores emisiones. Ese mismo año invirtió otros 9 millones de euros —10 millones de dólares— en NIO Capital, centrado en empresas en fases iniciales y de crecimiento relacionadas con tendencias como la digitalización, la descarbonización y la innovación en inteligencia artificial.
Un año antes, la entidad había comprometido 22 millones de euros —25 millones de dólares— en TPG Rise Climate II, con inversiones distribuidas entre electricidad limpia, moléculas y materiales limpios y soluciones de adaptación.
Esta cartera se apoya en una trayectoria que comenzó a tomar forma entre 2022 y 2023. Las inversiones realizadas entonces permitieron entrar en fondos especializados en ámbitos como el hidrógeno verde, la captura de carbono, la fusión nuclear, la descarbonización del sector inmobiliario y de las industrias de difícil descarbonización, el biogás y la economía circular, además del escalado industrial de soluciones climáticas.
Entre esas inversiones figuran 40 millones de euros en Lowercarbon, 22 millones en Decarbonization Partners, 18 millones en Just Climate, 10 millones en Hy24, 9 millones en Fifth Wall Climate y 4 millones en Suma Capital.
De esta forma, la estrategia combina fondos orientados a tecnologías emergentes con otros dirigidos a soluciones que ya han alcanzado un mayor grado de madurez. Para BBVA, esta presencia en distintas áreas del ecosistema permite no solo participar en su crecimiento, sino también detectar proyectos y empresas que puedan necesitar financiación para avanzar en sus procesos de descarbonización.
La financiación como palanca de la transición
La inversión en fondos climáticos se integra en una estrategia de sostenibilidad más amplia de BBVA, que considera este ámbito una de sus prioridades y un motor de crecimiento.
En 2025, el banco canalizó 134.000 millones de euros en negocio sostenible, su máximo anual hasta ese momento y un 44% más que el año anterior. Durante el primer semestre de 2026, la cifra alcanzó otros 82.000 millones de euros. Así, desde 2025 hasta el segundo trimestre de este año, BBVA acumula 216.000 millones de euros dentro de su objetivo de alcanzar 700.000 millones durante el periodo 2025-2029.
El siguiente escenario internacional en el que la financiación climática tendrá protagonismo será la COP31, que se celebrará del 9 al 20 de noviembre en Antalya, Turquía. BBVA ha anunciado su participación como banco global —Global Banking Partner— de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
A través de esta colaboración, la entidad trabajará junto a la presidencia de la cumbre y Naciones Unidas con el objetivo de continuar impulsando la financiación de la transición energética y acelerar la implementación de soluciones dirigidas hacia una economía baja en carbono.
La trayectoria de estos fondos refleja, en definitiva, uno de los retos centrales de la transición: conseguir que el capital acompañe tanto el desarrollo de nuevas tecnologías como su crecimiento y despliegue. Con 560 millones de euros comprometidos en once fondos climáticos, BBVA busca situarse en distintos puntos de ese proceso, desde las soluciones emergentes hasta proyectos con capacidad para alcanzar una mayor escala.