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Pido perdón por si piso el callo a alguien, pero, insisto, hay cosas en la Responsabilidad Social (RS) que no me gustan; al menos en la RS tal como la vemos a menudo en España. Allá voy.
  1. No me gusta que, al tratar de estos temas, seamos poco precisos. No quiero referirme a nadie en concreto, pero argumentos como “la empresa tal reducirá sus emisiones de CO2 en un no-sé-cuántos por ciento en dos años” me suena a wishful thinking. Si se tratase de rentabilidad prometida para un inversor, las matizaciones que había que introducir para respetar las reglas de la Comisión Nacional del Mercado de Valores cubrirían un montón de páginas. Entiendo que hay que dar el informador el beneficio de la duda, pero, al menos, tendríamos que concluir la noticia diciendo que “esto es lo que dice la empresa, y no ha explicado cómo llega a esas conclusiones” que, por otro lado, dependen de factores que se escapan al control de la empresa.
  2. Esto vale también a la hora de anunciar que “España es el primer país del mundo por el número de empresas líderes en la elaboración de informes de sostenibilidad de elevada calidad”. De acuerdo, es una noticia política, cuyo origen está en el campo político. Pero no podemos vender esto como noticia de RS.
  3. Me uno a los argumentos de Antonio Vives (aquí) sobre el caso Volkswagen, que él relaciona con los rankings de empresas con reputación, responsables, éticas y demás, entre las que figuraba VW. Sus argumentos son de peso, como es habitual en sus artículos. “Una cosa es percepción, vía encuestas, y otra es juzgar sobre una realidad, basada en un conocimiento muy limitado e imperfecto de la responsabilidad de las empresas (…) La determinación de la realidad requiere un conocimiento profundo de todas las actividades de todas las empresas que se incluyen en la evaluación. No valen muestras, no vale la información que proporciona la empresa, que puede (y muy probablemente sea) ser sesgada”. Es muy dudoso, dice, que se pueda evaluar la RS de una empresa ante la sociedad, y menos aún comparar la evaluación de diferentes empresas, en diferentes sectores y circunstancias. “Lo que hacen las evaluaciones, premios y rankings de la responsabilidad empresarial es evaluar las ‘cositas’ que se hacen en nombre de la responsabilidad, usando un modelo preconcebido de lo que debe ser la RS de las empresas (todas son iguales, operan en el mismo contexto, se enfrentan a la misma sociedad)”. Y más adelante: “No se puede evaluar la responsabilidad de las empresas, se pueden evaluar algunas de sus actividades. Y lo más patético es que muchos de esos rankings o evaluaciones confunden responsabilidad ante la sociedad por acción o inversión social”.

Ya he dicho otras veces que entiendo que los que nos dedicamos a la RS incurramos en estos defectos, porque tenemos que ganarnos la vida. Pero me pregunto si, actuando de esta manera, respetamos el concepto de RS que decimos promover. Y entiendo también que en el mundo de la información sobre las empresas hay muchas cosas que no están bien.

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