¿Qué son los valores de una empresa? A veces parece que los valores sean tan sólo un apartado del plan de marketing que hay que rellenar, algo que queda espectacular en un folleto o en la página web y que, cumplida su misión estética, ahí se queda, en el limbo de los buenos propósitos.
Cómo transmitir valores a tu equipo

En la mayoría de las organizaciones, los valores son realmente los principios que vertebran la estrategia de la empresa, cumpliendo su función principal: ser la estrella que ilumina el camino en los buenos y los malos momentos. Pero se quedan en la esfera del management, no son transversales ni tampoco se comparten de manera cotidiana.

En ambos casos es muy complicado que los equipos reciban, asuman como propios y vivan esos valores. Si tenemos claro cuál es la importancia de los valores, si somos conscientes de la necesidad de crear una cultura de empresa, ¿por qué resulta a veces tan difícil transmitirlos?

Es sencillo: porque dejamos a los valores en pura teoría, cuando su territorio natural es la práctica. “Innovación, transparencia, confianza” son ejemplo de valores importantes, que definen muy bien a una empresa. ¿Cómo hacer que todas y cada una de las personas que conforman nuestro equipo los entienda, los respire y los transmita?

Poner posters con frases motivadoras, hacer un family day, son cosas que están muy bien, pero no son suficiente. Chip y Dan Heath, en su libro “Momentos Mágicos”, afirman que para actuar según valores es necesario la disciplina y la preparación, ensayar para poder llevar adelante el cambio. Es decir, hay que introducir en el día a día a los valores. Tienen que formar parte del devenir rutinario de nuestro equipo, de manera que llegue un momento que estén tan integrados, que guiarnos por ellos, llevarlos como bandera, sea lo más natural del mundo.

¿Cómo hacemos eso? Tenemos que convencer a las dos partes que, según los hermanos Heath, componen nuestra personalidad: una parte emocional y una racional. Identifican la emocional con un elefante, grande, potente, pero sin control. Y la racional con su jinete, que, aunque es más pequeño y frágil, tiene el poder.

Convencer a la parte emocional de practicar los valores no es difícil, porque son inspiradores y motivadores. Ya tenemos al elefante. Pero ¿y el jinete? Para convencerle a él tenemos que mostrarle los beneficios de practicar esos valores. Las mejoras que va a suponer para su trabajo, para su rendimiento y funcionalidad y también para el equipo y la empresa en general.

Dejemos de ver los valores como un complemento del marketing, o como una directriz reservada al management y empecemos a verlos como una herramienta para vincular a nuestro personal con la cultura de empresa, para crear cohesión entre los equipos y mejorar la experiencia con los clientes.

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