La tragedia de la crisis de COVID-19 ha restado mucha atención a la amenaza del cambio climático, ya que las instituciones se dedicaron a proteger vidas y medios de subsistencia. Mantener una respuesta eficaz en materia de salud pública sigue siendo una de las principales preocupaciones de muchos encargados de formular políticas y ejecutivos de empresas. Sin embargo, no deberíamos perder de vista el aspecto medioambiental al momento de volver a la nueva normalidad.
Nada es como antes. La pandemia del COVID-19 ha vaciado nuestras ciudades y ha conmocionado el sistema económico mundial. Hemos descubierto que es posible vivir cuando nos vemos obligados a consumir menos. La desescalada nos está permitiendo empezar a tener una mayor libertad, con muchas precauciones y nos permite imaginar esa “vuelta a la normalidad” que tanto deseamos. Pero, ¿cómo comenzará de nuevo nuestra vida, nuestra economía? Alba García Responsable de la Campaña de Plásticos en Greenpeace España, propone cinco formas para volver mejores.
El océano es vital para el bienestar y la prosperidad de la humanidad. Cuidarlo y preservarlo es también nuestra responsabilidad. El informe de 2019 Global Goals, Ocean Opportunities de la ONU , elaborado tras una consulta con más de 300 grupos de interés, identifica cinco puntos críticos que representan un conjunto de objetivos tangibles para abordar los retos de la sostenibilidad de los océanos.
La entidad financiera ha colocado hoy en el mercado 1.000 millones de euros de la emisión inaugural de un bono social COVID-19, la primera de una entidad financiera privada en Europa. Los fondos estarán principalmente destinados a mitigar los severos impactos económicos y sociales causados directa o indirectamente por la pandemia COVID-19.
El objetivo nacional (así como el europeo) de lograr una transición energética justa deja sobre la mesa el doble desafío de avanzar hacía un sistema energético con menor impacto ambiental, que supone una transición hacia energías más limpias, y, al mismo tiempo, no dejar a nadie atrás. Los últimos datos oficiales evidencian que, en 2018, entre el 7.2% y 16.9% de la población española se encontraba en situación de pobreza energética.
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