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diarioresponsable.com“No sólo estamos viviendo una crisis económica, también vivimos una crisis de valores”… 

“Los bancos y empresas deben cambiar de valores”…

“Necesitamos otros valores en nuestra sociedad”…

“¿¡En dónde quedaron los valores!?”…

Empiezan a ser frases habituales en los medios de comunicación, en nuestro día a día… el modelo de más, más rápido, más barato y sin prestar mucha atención al cómo está cuestionado e incluso está siendo la causa del desequilibrio. Pereciera que necesitamos un cambio de modelo mental, de sistema de creencias. Un cambio cultural, en resumidas cuentas.

Es cierto que las organizaciones deben seguir ofreciendo productos y servicios cada vez mejores, que aporten un valor añadido a las personas que los adquieren, pero la sociedad está empezando a valorar también su comportamiento: Quién eres y qué valores representas empieza a ser tan importante como la calidad de tus servicios.

diarioresponsable.comReseña del libro Creating Value in Nonprofit-Business Collaborations: New Thinking and Practice James E. Austin y M. May Seitanidi, Jossey-Bass, 2014, 297 pgs.

Introducción

Las colaboraciones entre empresas e instituciones sin fines de lucro se han ido convirtiendo en un instrumento esencial para potenciar los esfuerzos de ambas dirigidos a la solución de problemas sociales y ambientales. El gran avance en los últimos años en la implementación de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad y el crecimiento del número de organizaciones del tercer sector preocupadas por estos temas han estimulado a ambas partes a mejorar su efectividad, combinando las ventajas comparativas. Combinando, entre otras, el accesos a recursos, capacidades de gestión y visión de largo plazo de las empresas con el conocimiento de la problemática y la confianza y el acceso directo a los afectados por parte aquellas organizaciones. Como bien señalan los autores “las colaboraciones han pasado de ser algo que es bonito tener a ser un componente indispensable de la estrategia y operaciones”.

Adicionalmente los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM, desarrollados en el seno de la ONU en la Cumbre del Milenio del año 2000, han contribuido a estimular estas colaboraciones.  El objetivo número 8 que pide “Fomentar una alianza mundial para el desarrollo” fue interpretado por el sector privado, sobre todo las grandes empresas como un llamado a intensificar sus actuaciones para contribuir al logro del resto de los ODM.  Estando estos mayormente fuera de su acción directa (reducción de pobreza, educación, mortalidad infantil, protección del medio ambiente, igualdad de género, etc.), llevaron a muchas de estas empresas a buscar colaboraciones con organizaciones de la sociedad civil, conduciendo a su intensificación y extensión.

Premisa del libro

El tema de las colaboraciones ha sido objeto de creciente interés en las últimas décadas.  El libro se concentra en las colaboraciones donde tienen un papel preponderante las empresas, situando buena parte de sus actuaciones en el contexto de su responsabilidad social, RSE.  El objetivo del libro es el de presentar un marco donde no solo se puedan analizar las colaboraciones existentes con el objeto de mejorar su efectividad, sino que además se sienten las bases para identificar, analizar, diseñar y ejecutar nuevas colaboraciones. Este marco es de aplicación relativamente universal.

Faine_icoNadie duda que los recursos humanos son cosas de todos, nadie duda que las finanzas y vender es cosas de todos, ¿por qué no conseguimos que la RSE sea cosa de todos y de toda la compañía? La RSC lo que puede es no generar costes en un futuro, lo dice mucho Josep María Lozano. El coste de la responsabilidad no sé cuánto es, pero el de la irresponsabilidad sí que se ha visto en muchos casos”.

Así de claro lo tiene este motero barcelonés de 36 años, que desde hace 8 es director de RSC de AGBAR, una compañía española que da agua a 26 millones de personas en todo el mundo, 13 de ellos en España.  Fainé es un tipo cordial, cercano y ajeno a la verguenza. Esa pinta de sabio despistado y malandrín le permite hablar con todos y de todo sin perder ripio de lo que acontece. 

La mañana de este soleado miercoles tuvímos la oportunidad de tomar un cáfe con él en la terraza de la Cervecería Santa Bárbara de Madrid y conocer su visión sobre la responsabilidad social de las empresas y las actividades que realiza AGBAR en este área.

diarioresponsable.com Hace unos días participé en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) en el tribunal de la tesis del ahora ya Doctor Juan Diego Paredes, sobre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en el sector eléctrico, medida a través de un indicador sintético, tesis escrita bajo la experta dirección de Marta de la Cuesta (UNED) y José Miguel Rodríguez (Universidad de Valladolid). Un tema que Juan Diego trata en la tesis, y que discutimos en su presentación, es el de la información que proporcionan las empresas sobre sus prácticas de RSC. Lo que comento aquí son mis ideas sobre el tema, que no involucran a ninguno de los mencionados antes.

El problema de la información sobre la RSC es que no tenemos claro de qué se trata de informar y para qué. Me parece que ya comenté en una entrada anterior que me llamó la atención una entrada en un blog que decía algo así como: ahora ya tenemos la información… ¿qué vamos a hacer con ella? Es lo que suele ocurrir cuando uno no tiene claro para qué quiere dar o recibir la información: tendemos a decir o a pedir todo lo que se nos ocurre, y luego ya veremos qué hacemos con todo esto.

El problema es que, así planteada, la información será difícilmente útil o aplicable a todos los interesados y, además, cara de obtener y difícil de manejar. Leí una vez una explicación del concepto de rendimientos decrecientes, que me gustó. Te regalan una habitación grande, llena de pistachos. A ti te vuelven loco los pistachos, de modo que aceptas encantado. Solo te ponen una condición: no debes sacar de la habitación las cáscaras vacías. La productividad de la primera hora es altísima, al borde del empacho de pistachos. Dentro de una semana, te pasas horas y horas rebuscando entre cáscaras vacías un pistacho lleno. Y mucho antes de que haya agotado los pistachos, dejarás de buscar. Pues algo parecido pasa con la información sobre la RSC: entre cientos de datos, te cuesta mucho sacar algo en claro sobre la RSC de la empresa.

diarioresponsable.com Bajo el eslogan “Hacia un territorio socialmente responsable”, el IV Congreso Nacional de Responsabilidad Social celebrado el pasado mes de febrero en Zaragoza se va consolidando como uno de los principales foros anuales de expertos en RSC, del mundo empresarial, del sector público, de las entidades no lucrativas, del ámbito académico y profesional. Esta IV edición volvió a ser eminentemente práctica, destacando en sus diferencias presentaciones y debates:

•  Que existen beneficios tangibles e intangibles en la implantación de políticas de la RSC. En su desarrollo y aplicación ejemplar es clave el papel de la administración y su colaboración con las empresas y la sociedad civil.

•  La RSC contribuye a que el territorio sea más competitivo a través de un modelo de cooperación entre los diferentes agentes socioeconómicos y también entre zonas rurales y urbanas contribuyendo a la cohesión territorial.

•  Las pequeñas y medianas organizaciones pueden y deben aplicar la RSC, que no es exclusivo de las grandes corporaciones y debe ser la base de su relación con los grupos de interés.

diarioresponsable.com He leído una reflexión sobre hilo argumental que Muhammad Yunus hizo en un acto hace unos días. Desconozco si recogen adecuadamente la intencionalidad del Premio Nobel de la Paz de 2007 o bien pueden estar sacadas de contexto. En todo caso, me van bien para motivar una reflexión que creo que merece ir recordando.  Se trata de unas consideraciones negativas que se proyectan contra la RSE en lugar de contra los que hacen un mal uso de este enfoque de gestión. En concreto, según leo, Yunus afirmó que la RSE está radicalmente desactualizada, lo que consideró causado por la industria de la filantropía. Quiero entender que Yunus sabe perfectamente que este modelo que denuncia por desfasado y poco efectivo no es RSE. Pero la confusión le va bien para hacer la propuesta alternativa: invertir en empresas sociales, es decir, su producto. Recientemente, pasó algo similar con el profesor Mark Kramer, de la Universidad de Harvard, que declaró que "el concepto de valor compartido se centra en la gestión de oportunidades y la RSE con la gestión de riesgos". Argumenté que discrepaba de esta actitud o táctica de tirar a la papelera la RSE para remarcar las bondades del propio producto. Y hace dos años publiqué una reflexión, "¿Ir más allá de la RSE?", en referencia a una de líneas de crítica a la RSE, la de aquellos que creen que no es suficiente. Ir más allá o proponer unas buenas prácticas de alto interés no requiere como condición previa pisotear la RSE, ya que no son productos alternativos sino maneras de progresar en ella.  

Es cierto que no podemos pedir a la RS más de lo que puede dar. Como metodología de gestión puede estar marcada por una baja dosis de glamour y, además, fácilmente se pueden dar casos de empresas que hablen de ella sin hacerla realmente o haciendo un uso perverso. Por ello, es necesario que seamos cuidadosos con el uso de la RSE, y que no aceptemos los malos usos. Esto es lo que debería haber denunciado Yunus: los que usan fraudulentamente el concepto de RSE para hacer una serie de prácticas meramente filantrópicas.  

diarioresponsable.com Ya llegó el 2015. Me imagino que como todos ya hiciste tu lista de promesas para este año lleno de optimismo. Yo aún estoy en ello. Me gusta hacerla con calma y sin prisas, y como buena aprendiz aplicando el dicho: “A veces gano, otras aprendo, nunca pierdo”.  

Antes de hacer mi lista me gusta repasar mis aprendizajes (de la práctica) o descubrimientos (de la consciencia) del año que cierro. A partir de ellos, fijaré mis nuevas coordenadas de gestión para este nuevo curso. Aquí os dejo mis 4 descubrimientos:

1) La gestión del cambio para hacer que la sostenibilidad sea parte natural del día a día se empieza por arriba, y no por abajo. Si ya sé que esto está muy manido (creo que lo dicen todos los escritos sobre RSC), pero me refiero  a que los de arriba son los que tienen que liderar el cambio. Y si, hay que cambiar (aunque a muchos les viniera ya en el ADN) y los impulsores del cambio son los dueños de los procesos. Soy consciente del efecto olla exprés que nos ayuda a avanzar en muchas áreas, pero  si realmente queremos que forme parte de la carta de navegación de nuestras organizaciones, los primeros que tienen que estar comprometidos son los que manejan el timón. Y hablo de compromiso, no de convicción. El primero significa poner en acción, dar recursos y pedir resultados. El segundo, convicción, es pasivo. Estamos convencidos, y dejamos hacer pero tampoco lo exigimos. Cuando viene desde arriba, ¡¡¡¡se nota, se siente, la sostenibilidad está presente!!!! 

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