
Me gusta pensar que ha sido el año de recalcular diferentes rutas. A modo de GPS, este año ha sacado todo lo que tenía guardado en la recamara y no nos ha quedado otra opción que recalcular nuestra ruta. Seguro que mientras lees este artículo ya está sonando en tu cabeza la voz del asistente: "Recalculando ruta. Recalculando ruta."
Este ha sido el año en que la narrativa de la inteligencia artificial y la sostenibilidad ha tenido que frenar en seco ante una realidad compleja: más consumo energético, legislación que se retrasa, geoestrategia que se endurece y un mercado que descubre que el camino hacia el futuro no es una autopista, sino un laberinto de decisiones difíciles. Sin ánimo de ser agorera, si que puedo decir que a lo largo de este año hemos observado cómo 2025 se ha convertido en el año de las contradicciones: la IA promete optimizar el 79% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero sus centros de datos podrían duplicar su consumo energético para 2030. Europa lanza la mayor inversión en IA de su historia mientras retrasa su propia legislación. Y China emerge como disruptor tecnológico con modelos eficientes que cuestan una fracción de sus equivalentes occidentales.
Este artículo está pensado a modo de GPS: un itinerario de lo que hemos vivido en 2025, con sus desvíos, sus atascos y sus nuevas rutas. Porque solo entendiendo dónde hemos estado podemos saber hacia dónde vamos para el año que en breve comenzará…
Primera Parada: El Momento DeepSeek
Enero será recordado como el mes que sacudió Silicon Valley. DeepSeek, una startup china prácticamente desconocida, lanzó DeepSeek-R1, un modelo de IA que igualaba las capacidades de GPT-4 y Claude a un coste estimado de solo 6 millones de dólares, frente a los 100 millones que costó entrenar GPT-4. Las acciones de Nvidia cayeron un 18% en un solo día. El Nasdaq perdió un 3%. El paradigma de la ley de escala se rompió.
El modelo chino utilizó arquitecturas innovadoras como Mixture of Experts (MoE) y técnicas de atención dispersa (Sparse Attention) que activan solo los parámetros necesarios para cada tarea, reduciendo el consumo de energía entre un 50% y un 75% comparado con servidores que operan con GPUs de última generación.
No menciono DeepSeek como una historia de disrupción tecnológica o al menos eso no es lo que pretendo. Creo que es el símbolo de una nueva era geopolítica. Y es que este Este modelo se ha desarrollado bajo sanciones estadounidenses que prohibían a China acceder a los chips Nvidia más potentes, DeepSeek demostró que la innovación sale sobre todo en momentos complejos, planteando preguntas incómodas sobre el control tecnológico y la autonomía estratégica. La lectura que podemos sacar del momento DeepSeek es, entre otras:
Segunda Parada: Europa frena y acelera al mismo tiempo
2025 iba a ser el año del AI Act/ Reglamento Europeo de IA. La Unión Europea había aprobado el primer marco regulatorio integral del mundo sobre inteligencia artificial, estableciendo un sistema de clasificación por riesgos que prohibía usos inaceptables (como la manipulación cognitiva o el social scoring) y regulaba severamente los sistemas de alto riesgo.
Pero en noviembre de 2025, Europa ha anunciado lo impensable: un retraso de 16 meses en la implementación de las disposiciones clave para sistemas de alto riesgo, aplazándolas hasta agosto de 2027. El llamado Ómnibus Digital ha flexibilizado plazos, y simplificados requisitos de ciberseguridad.
¿La razón? La presión de las grandes tecnológicas, el temor a quedarse atrás en la carrera de la IA y la necesidad de atraer inversión. Y es que son malos tiempos para la lírica y no podemos desarrollar una regulación que reste competitividad a todos los niveles y nos convierta en el continente regulatorio y a nuestro país en concreto, en la Florida europea.
InvestAI: La gran apuesta europea
Pero Europa no se ha rendido como puede parecer. En febrero, la presidenta Ursula von der Leyen lanzó InvestAI, una iniciativa para movilizar 200.000 millones de euros en inversiones en IA, incluyendo 20.000 millones para construir gigafactorías de IA (ya veremos si las empresas que lo llevan a cabo lo hacen con una infraestructura que cuide el impact medioambiental de esta industria), infraestructuras comparables a un CERN para la inteligencia artificial. El objetivo: que Europa se convierta en un Continente de IA, capaz de competir con Estados Unidos y China.
Esta dualidad -retrasar regulación, acelerar inversión- define la estrategia europea en 2025: navegar entre la protección de derechos fundamentales y la necesidad de no quedarse fuera del juego tecnológico a nivel global. Un equilibrismo complejo que muchos consideran insostenible a largo plazo.
Y ahora se nos plantea un dilema regulatorio: ¿Puede Europa ser líder en IA ética y, a la vez, competitiva económicamente? Puede y debe, pero eso ya es objeto del siguiente artículo. Los retrasos legislativos reflejan la tensión entre valores y pragmatismo económico.
Tercera Parada: La Paradoja Energética
La IA promete revolucionar la sostenibilidad. Según un estudio publicado en Nature, podría facilitar el cumplimiento del 79% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y hasta el 93% si consideramos solo los ODS medioambientales. Puede optimizar redes eléctricas, predecir catástrofes climáticas, mejorar la eficiencia agrícola y reducir residuos industriales hasta en un 50%.
Pero hay un problema: la propia IA consume grandes cantidades de energía.
En 2025, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) publicó cifras alarmantes:
¿Cuáles es la salida? En este punto deberíamos repensar el sistema y favorecer modelos óptimos y eficientes:
Cuarta Parada: El mercado se reorganiza
Mientras los gigantes tecnológicos se tambalean, Europa -y España en particular- ha encontrado su nicho. En 2025, España se consolidó como el quinto hub europeo en inversión en IA desde 2020, con más de 2.000 millones de euros captados. Pero lo más relevante es que la IA y el climatetech lideran las inversiones, cada uno con más de 300 millones de euros en 2024.
El greenwashing como desafío clave
Pero no todo es optimismo. 2025 ha sido también el año del greenwashing corporativo. Empresas que comunican mejoras en sostenibilidad mientras usan IA sin medir su impacto hídrico y energético. La Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), que entró en vigor en 2023, obliga a más de 50.000 empresas a reportar sus métricas de sostenibilidad, creando la necesidad de nuevos roles como los “controllers de sostenibilidad”.
El mercado está madurando. Los inversores ya no se conforman con narrativas; exigen transparencia, datos verificables y auditorías independientes.
Última Parada: El Nuevo Orden Geopolítico
Si hay una conclusión clara de 2025 es que el monopolio tecnológico occidental ha terminado. China no solo ha demostrado capacidad de innovar a pesar de las sanciones, sino que ha convertido esa adversidad en ventaja estratégica. DeepSeek se integró en electrodomésticos de Haier, Hisense y TCL, en drones militares del Ejército de Liberación Popular y en sistemas de diseño aeroespacial.
Estados Unidos ha respondido con el proyecto Stargate, una inversión de 500.000 millones de dólares en centros de datos para IA. Europa ha lanzado InvestAI. el mundo se está dividiendo en bloques tecnológicos, cada uno con sus propios estándares, valores y arquitecturas.
Esta fragmentación tiene un coste: la colaboración científica se dificulta, la interoperabilidad se pierde y los costes de desarrollo se multiplican. La pregunta ya no es quién ganará la carrera de la IA, sino si habrá una sola carrera o muchas carreras paralelas e incompatibles. Por aquí vendrán los nuevos retos del 2026.
Europa se encuentra en una posición única: aunque no tiene el poder financiero de EEUU, ni la capacidad de escala de China, sí tiene algo que ambos necesitan: un marco ético sólido y una base regulatoria que podría convertirse en el estándar global. Si el AI Act sobrevive a sus propias contradicciones y no se convierte finalmente en la soga al cuello que parecía ser, puede tener un rol estratégico aventajado en la carrera tecnológica.