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La ineficiencia de las empresas fue la culpable del bajo crecimiento de la productividad en la fase de expansión de la economía española, antes de la crisis de 2007, según el documento de trabajo del Banco de España número 1609, del que son autores Manuel García-Santana, Josep Pijoan-Mas, Enrique Moral-Benito y Roberto Ramos
La ineficiencia fue la culpable

La economía creció por la acumulación de capital y mano de obra, no por la mejora de la productividad (la productividad total de los factores se redujo un 0,7% anual entre 1995 y 2007). Esto quiere decir que la asignación de los factores productivos se deterioró: o sea, se dedicaron personas, máquinas y capacidades a aquello que no contribuía realmente al crecimiento. Ya he hecho referencia en este blog a otros estudios que inciden sobre ese problema, pero va bien tener una confirmación más, con cifras no macroeconómicas, sino del nivel de empresa. La construcción y los servicios son los sectores en que más se presenta esa pérdida de eficiencia, pero todos incurren en ella. Las industrias con más incidencia de la regulación presentan un mayor efecto negativo.

El crecimiento del capital y del trabajo en una economía cuya productividad no crecía lo atribuyen los autores al crecimiento del crédito y la caída de tipos de interés, fruto de la entrada de España en la Unión Económica y Monetaria (área euro) y al aumento de la población en edad de trabajar (inmigrantes y mujeres, principalmente). 

Las autoridades monetarias y financieras, y las propias instituciones, no supieron ver el problema que se estaba creando con la burbuja crediticia, no solo en la construcción:con tipos de interés decrecientes, no era posible discernir qué demandantes de crédito eran solventes y cuáles no. Las empresas se dejaron llevar por el atractivo de unos beneficios crecientes, sin darse cuenta de que esos resultados no eran sostenibles.El crecimiento salarial no estuvo a la altura del aumento de la productividad, y esto explica la pérdida de capacidad competitiva de la economía frente al exterior.

La dureza del ajuste ha tenido que ver con todo esto: el recorte de los salarios reales, el crecimiento del paro, las dificultades del sistema financiero, las quiebras de empresas… La pregunta relevante es si hemos aprendido suficientemente la lección. Mi sospecha es que no, como prueba que al crecimiento de la productividad del trabajo se ha debido a la reducción del empleo, no al aumento de la eficiencia de las empresas.

 

 

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