Terremotos, inundaciones, incendios, sequías y fenómenos meteorológicos extremos vuelven a poner a prueba la capacidad de respuesta de países de todo el mundo. Ante un riesgo de desastres cada vez más costoso, la inteligencia artificial comienza a ganar terreno como herramienta para anticipar amenazas, mejorar las alertas y tomar decisiones con mayor rapidez.