Antonio Argandoña

Un médico me contó una vez que, frecuentemente, los pacientes con obesidad decían que no entendían por qué la tenían: “Si no tomo azúcar, ni pan, ni pastas, ni patatas…”. “¿Y alcohol?”, les preguntaba. “Ah, eso sí; dos copitas de vino en la comida y en la cena, una cerveza o dos al llegar a casa, un gin tonic como aperitivo…”. Y, claro, no entendía por qué estaba gordo. Moraleja: no se puede hacer una dieta de adelgazamiento que sea parcial
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“Hoy hablaremos de la Responsabilidad Social (RS)”, dice el CEO en la reunión del Comité de Dirección, o el Presidente en la del Consejo de Administración. Reunión rutinaria, ¿no? Vendrá el Director de RS (el Dirse, le llamamos habitualmente) y nos dirá cómo van las valoraciones de los riesgos, sobre todo reputacional; cómo van las políticas, qué acciones se desarrollarán en las próximas semanas, qué problemas ha habido, cómo se ha recibido la Memoria de RS, o de Sostenibilidad, o la Memoria integrada…
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Líbranos, no de los puros habanos, claro, sino de las personas puras. Me gustó una entrada de Miguel Pasquau en CTXT, hace ya unos meses, con el título de “Las prisas de la pureza”. Se refería a la actitud de mucha gente que, amantes de la pureza, no admiten nada que tenga un defecto, por mínimo que sea. Bueno, supongo que se tendrán que soportar a ellos mismos, pero lo que es a los demás, no los soportan. Bueno, también a su marido o a su mujer, y a sus hijos, y a su cuñado, y a sus compañeros de trabajo...
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La Responsabilidad social (RS) no funciona, o al menos no funciona del todo bien, en muchas empresas, porque hay cosas que se hacen mal
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Hace unos días participé en la Asamblea General Ordinaria de Socios del FC Barcelona (el Barça, como se le conoce habitualmente), como miembro de la Comisión de Control y Transparencia. Lo pasé muy bien, y aprendí muchas, entre ellas la que os quiero contar aquí
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